Muchas veces notamos que ante una situación que percibimos como algo incierto, peligroso o importante; sentimos preocupación, temor, impaciencia y pensamientos negativos. Mientras esto sucede en nuestra mente, nuestro organismo experimenta cambios en el funcionamiento de nuestros órganos y sentimos aceleración del ritmo cardiaco, dolores de cabeza, sudoración, falta o exceso de apetito, opresión en el pecho, etc. Estas manifestaciones varían de una persona a otra.

El ser humano tiene como mecanismo de supervivencia la ansiedad. La ansiedad en si es una reacción psíquica y fisiológica que nos activa a actuar ante situaciones en general y de acuerdo a la capacidad que tengamos para interpretar el hecho sentiremos: ansiedad, temor, pánico o angustia. La ansiedad está inmersa en todas estas emociones.

Sin embargo erróneamente la ansiedad se asocia solo a situaciones negativas y la ansiedad no es siempre negativa; pues si no sintiéramos un cierto grado de ansiedad no se activaría nuestro organismo para actuar ante cualquier situación cotidiana.  Entonces porque cuando alguien dice: Estoy nervioso, tengo miedo, se dice que está ansioso?

La ansiedad tiene niveles.  Un adecuado nivel de ansiedad nos activa a actuar y a adaptarnos a las exigencias del medio; un nivel moderado nos mantiene activos; pero un alto grado de ansiedad nos desorganiza y nos causa emociones desagradables que impiden nuestra adaptación, nos afecta al pensamiento, produciendo confusión ya que disminuye la memoria y la capacidad de concentración.  Mientras más activación de nuestro sistema nervioso haya, mas ansiedad tendremos, y un nivel alto de ansiedad  genera en nosotros un sentimiento de indefensión que se traduce en un “trastorno”.

Hay muchos tipos de trastornos de ansiedad:

  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Fobias.
  • Trastorno obsesivo compulsivo.
  • Trastorno por tensión postraumática.
  • Trastorno de pánico o de angustia

Cuando sabemos qué nos preocupa, y hay un estimulo o situación real que lo provoca, y nuestra reacción esta de acorde a la magnitud del estimulo provocador, efectivamente es ansiedad lo que estamos sintiendo ya que nuestro organismo se activa para la acción. Cuando sentimos que no podemos manejar una situación, nos sentimos agobiados, sentimos opresión en el pecho y no sabemos explicar el motivo de esa sensación tan desagradable; nuestra respuesta emocional sobrepasa nuestra capacidad de adaptación y estamos ante una situación de angustia.

Es natural que ante el diagnostico de una enfermedad letal como el cáncer la persona sufra una desestabilización psíquica.  Esta angustia es una respuesta normal ya que hemos aprendido que el cáncer se asocia a incapacidad y muerte – situación que no podemos manejar. Sin embargo como hemos estado mencionando, un nivel de ansiedad que active nuestras defensas psíquicas y nos permita actuar ante esta enfermedad movilizando nuestra energía y canalizándola a pensamientos y acciones positivas, ayudará a un mejor manejo de la enfermedad, a diferencia de un elevado nivel de ansiedad o de angustia, que mas bien nos desorganizara y afectara nuestro organismo, perjudicando más nuestra salud.

Si una persona no cuenta con los recursos psíquicos como para adaptarse de manera adecuada a una enfermedad como el cáncer, será necesario que recurra a ayuda profesional; ya que especialistas en la salud han determinado que una activación excesiva de nuestro organismo ante el estrés, es decir “la angustia” tiene efectos nocivos sobre el organismo. Por lo tanto, la ansiedad crónica como aguda y extrema como la angustia, deberá ser detectada a tiempo, y deberá ser  tratada desde sus inicios.

 

¿Qué diferencias hay entre ansiedad y angustia?

ANSIEDADANGUSTIA
Síntomas fisiológicos
  • Sudoración.
  • Tensión muscular.
  • Palpitaciones.
  • Temblor.
  • Molestias gástricas.
  • Dificultades respiratorias.
  • Sequedad de boca.
  • Dificultades para tragar.
  • Dolores de cabeza.
  • Mareo.
  • Náuseas.
  • Dolor o malestar de opresión en el pecho.
  • Sensación de falta de aire al respirar.
  • Dificultad para tragar.
  • Sudoración excesiva.
  • Mareos.
  • Nauseas o molestias de estómago.
  • Hormigueo en alguna parte del cuerpo.
  • Sofocos.
  • Temblores
Síntomas cognitivos y emocionales
  • Preocupación.
  • Temor.
  • Inseguridad.
  • Dificultad para decidir.
  • Pensamientos negativos sobre uno mismo.
  • Pensamientos negativos sobre nuestra actuación ante los otros.
  • Dificultades para pensar, estudiar, o concentrarse, etc.
  • Ansiedad extrema.
  • Miedo a algo desconocido o a una amenaza poco identificable o difusa.
  • Sentimiento de impotencia ante una amenaza vaga, inexplicable e indeterminada.
  • Necesidad de tener que escapar.
  • Sentimiento de Tristeza.
  • Pensamientos de que algo terrible le va a suceder (que puede morirse,
    que va a tener un ataque al corazón, que va a perder el control o volverse loco).
  • Preocupación frecuentemente por la posibilidad de que aparezcan episodios de pánico.
  • Sensación de irrealidad o de separarse del propio cuerpo.
Síntomas conductuales
  • Fumar, comer o beber en exceso.
  • Intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, tocarse, etc.).
  • Ir de un lado para otro sin una finalidad concreta.
  • Tartamudeo.
  • Llanto.
  • Quedarse paralizado.
  • Evitar lugares o situaciones que cree que le pueden desencadenar un ataque.
  • Restringencia de la autonomía.

 

¿Qué podemos hacer para manejar la ansiedad ante el cáncer y prevenir la angustia?

  • Tenga confianza en su médico tratante. Si el médico que lo trata actualmente no le da confianza, busque uno que le brinde confianza y respeto mutuo, al que le pueda hacer todas las preguntas que desee.
  • Siga las indicaciones que el médico le dé tomando los medicamentos exactamente de la manera como le fueron recetados.
  • Utilice técnicas o estrategias que anteriormente lo hayan ayudado a manejar el estrés.( por ejemplo respirar lenta y profundamente)
  • Tome las cosas “una a la vez”. Cada día es diferente, no se adelante a hechos o sucesos que solo están en su mente. Enfóquese en cada día y trate de aprovecharlo al máximo.
  • Busque ayuda profesional, su médico podría derivarlo a un psicólogo
  • Busque grupos de apoyo o auto apoyo
  • Lleve un registro de su tratamiento: consultas, medicinas, resultados de pruebas, medicamentos y efectos secundarios sobre su salud, etc.
  • Lleve un diario sobre cómo se siente. Informe a su profesional de atención médica si los síntomas mejoran o empeoran.
  • Si se considera una persona religiosa, obtenga apoyo de la oración; si no lo es, obtenga apoyo de alguna creencia que pueda ayudarle a encontrar un significado a su enfermedad.
  • Aprenda y practique técnicas de relajación o de control del estrés.
  • Manténgase activo mientras la salud se lo permita.
  • Involúcrese en actividades placenteras.

 

¿Qué NO debemos hacer?

  • No debemos creer que el cáncer es sinónimo de muerte. Hoy los avances de la medicina permiten que esta enfermedad pueda ser controlada y en muchos casos con muy buenos pronósticos.
  • No pensar que todo lo que le pasó a “otro” me va a pasar a mí; cada persona es diferente y cada organismo responde de manera diferente a los distintos medicamentos y tratamientos.
  • No debemos sentirnos culpables por causarnos el cáncer; no hay pruebas definitivas que científicamente asocien el cáncer a tipos de personalidad o eventos en la vida; en todo caso si el riesgo de tenerlo se vio aumentado por su estilo de vida, no vale la pena hacernos daño con estos pensamientos.
  • No debemos sentirnos culpables por empezar tarde un tratamiento. Es parte de nuestros mecanismos de defensa la negación a un problema, el temor ante la pérdida del control en nuestras vidas, frustraciones de planes futuros, hace que muchas veces atrasemos acciones pertinentes a situaciones críticas de salud. Si ya está en tratamiento, felicítese por estar ocupándose por su salud “ahora”.
  • No sufra a solas y en silencio. Comparta sus emociones y temores con personas cercanas a usted, familia, amigos, consejeros espirituales o ayuda profesional. No trate de manejarlo “solo”.
  • No oculte síntomas o preocupaciones sobre la enfermedad. No sienta temor ni vergüenza por preguntar al profesional sobre su salud, medicinas y efectos secundarios, tratamientos que recibirá, etc. Es su derecho como paciente estar informado de todo lo que respecta a su salud.
  • No sienta vergüenza de pedirle a una persona cercana que lo acompañe a sus citas médicas. Involucrar a las personas que nos rodean nos reconforta al contar con su apoyo y a ellos mismos los alivia pensar que están apoyándonos en el manejo de la enfermedad. No es bueno para su salud creer que “solo voy a poder manejar esto”.
  • No abandone el tratamiento. Cada una de sus citas, el cambio en su estilo de vida, una dieta sana, contribuyen al manejo adecuado de su enfermedad. Si desea probar terapias complementarias, naturales; sígalas pero de manera conjunta con su tratamiento médico. Infórmele a su médico el tratamiento complementario que decida seguir.